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Alfonso Quijada Urías ( Kijadaurías)
El Salvador
El porvenir
En cuanto la idea del Diluvio se sosegó. A.R.
En la calle se establecieron fúnebres negociantes. De las Carnicerías el tufo de mil bestias degolladas inundó la mañana de nuestra primera infancia. La sangre corrió en los circos y las embarcaciones. En la casa de Dios. En los altos edificios aun chorreantes los niños contemplaron las extrañas imágenes. La sangre corrió. Los vendedores de pólvora, los traficantes de armas celebraron con pompa el próspero suceso. En la casa del ministro el general aderezaba los muslos de Efigenia. El sol negro reventaba en el arco del triunfo. La reina, la Maga, la que siempre nos ocultaba el porvenir, dijo por fin que el fin del mundo había comenzado. Pero esta vez no había embarcación. El mar estaba seco. Todo era ruinas, miserias, tempestad. Las visiones de San Juan brotaban de los ojos del animal de mil cabezas. No apareció la liebre aquella mañana ni dijo su plegaria el arcoiris a través de la tela de araña. El porvenir apenas había comenzado.
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